Terapia de juego
Terapia de Juego, Terapias

El juego como herramienta terapéutica

¿Te has preguntado por qué y para qué juegan los niños? Por mucho tiempo se creyó que el juego no era más que una actividad de ocio en la que las niñas y los niños malgastaban su tiempo haciendo un tremendo tiradero por todos lados. Afortunadamente, la psicología y la pedagogía se han enfocado mucho en estudiar y en teorizar la importancia del juego en la vida de las personas, ya que este ejercicio de imaginación y curiosidad tiene un impacto importante en el desarrollo del ser humano.

Desde el enfoque social, el juego brinda la posibilidad de adquirir roles, normas y un sentido de cooperación haciendo de la actividad lúdica un acercamiento a la cultura y a la sociedad. Por otro lado, el juego forma parte importante en la maduración de los procesos cognitivos que se desarrollan en la infancia. Esto quiere decir que, a través de la fantasía, vamos atribuyendo significados a cosas cotidianas dándole un sentido y un uso personal. Las personas jugamos para construir una representación de la realidad que nos rodea.

El juego es indispensable para la salud física, mental y social de las niñas y los niños ya que brinda la posibilidad de auto afirmarse y desarrollar autonomía.

Al igual que los adultos, las niñas y los niños poseen un mundo interno muy complejo repleto de fantasías y ansiedades que se vuelcan en el juego. En muchas ocasiones juegan por el gusto de hacerlo; pero también se juega para expresar agresión, hostilidad intentando dominar, en el plano lúdico, la angustia que éstas generan.

Hablemos de psicoterapia de juego ¿Jugar para tratar conflictos y problemas?

Primero que todo, delimitemos que la psicoterapia es un proceso en el que se pretender comprender y eliminar síntomas de carácter cognitivo, somático o emocional a través del vínculo con un profesional. Cuando trabajamos con niñas y niños, no debemos pasar por alto que el juego es su principal actividad catártica y comunicativa. Es por ello que es la herramienta principal de la psicoterapia infantil ya que, por medio del juego, podemos ver cómo están experimentando y comprendiendo situaciones dolorosas, incómodas o traumáticas.

Por ejemplo; Eduardo tiene cinco años y fue referido a terapia porque, desde que nació su hermanito, se ha portado desafiante en casa y en el colegio. Durante una sesión de juego, Eduardo jugó con los animales de la granja formando una familia con cuatro borregos. A uno de los borreguitos lo encerró en el corral mientras que los papás borregos y su otro hijito borrego salían a jugar. Por medio de este juego, Eduardo elaboraba el deseo de apartar a su nuevo hermano de la dinámica familiar a la que él estaba acostumbrado; y también elaboraba el temor y la sensación de convertirse en el borreguito encerrado apartado de los cuidados familiares y excluido de las atenciones de su mamá y papá.

La psicoterapia de juego busca que la niña o el niño reconozcan aspectos de su mundo emocional pudiendo comprender qué les sucede.

En este caso, la terapia debe orientarse a explicar a Eduardo qué siente validando las emociones de enojo, miedo y rechazo que se suscitan mientras juega a encerrar a uno de los borregos. Podemos señalar que él quisiera regresar al momento en que no tenía un hermanito porque ahora se siente excluido y celoso por los cuidados que tienen sus padres hacia el nuevo bebé. De este modo empujamos a que Eduardo comprenda qué está pasando con él y cuál es el nombre de las emociones experimenta. Cuando las y los niños comprenden qué pasa y porqué actúan como suelen hacerlo trabajamos en el desarrollo del autoconocimiento y el autocontrol. De este modo podemos apoyarle a conectarse con sus fortalezas, recursos y habilidades que suelen estar ocultas detrás de los síntomas desadaptativos.

Las funciones básicas de la o el terapeuta son interpretar el juego, los dibujos o las comunicaciones del paciente para que pueda hacer conscientes las emociones, los afectos, las fantasías, los recuerdos reprimidos. Sin duda alguna, la actitud del profesional de ser tolerante, receptiva y empática para poder recibir y atender los conflictos con una gran disposición a escuchar lo que se dice y lo que no se dice.

Involucrarse abierta y activamente en el juego de la niña o el niño es clave para generar un vínculo positivo con el proceso terapéutico.

La terapia de juego debe estar envuelta en un clima de comprensión y sensibilidad por parte de la familia quien ha de aceptar y tolerar que es un proceso que tomará tiempo; por otro lado, el o la terapeuta deberán evitar emitir juicios manteniendo un pensamiento crítico. Debe de existir un clima amigable y un gusto por jugar e involucrarse en los juegos y actividades que la niña o el niño traigan consigo así.

En ocasiones, hay situaciones en la vida que rebasan emocionalmente a nuestros hijos quienes pueden manifestar malestares y cambios conductuales con la presencia de un nuevo hermano, un divorcio o alguna pérdida. En estos casos, conviene apoyarles a comprender qué pasó y una terapia de juego es una gran herramienta para procesar, comprender y continuar hacia adelante creando un significado de las experiencias de vida que contienen un gran potencial de transformación.

Espero que este artículo te sea de mucha utilidad.

Con cariño: María José.

Esta entrada fue inspirada en el libro "Psicoterapia de Juego" 
De Ana Olivier Govea. Editorial Pax.
¡Te invitamos a que lo conozcas!

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