¿Cómo funciona nuestra mente en los primeros días de nacidas/os?
Familia

El desarrollo de la mente: ¿Cómo piensan los bebés?

Nuestra mente es sorprendente: somos capaces de imaginar, de razonar y de generar nuevas ideas. ¿Alguna vez te has preguntado qué procesos se ven involucrados y cómo los desarrollamos a lo largo de nuestra vida? En esta ocasión reflexionaremos sobre los primeros meses de vida cruciales para nuestra comprensión de nuestro entorno. 

Siendo bebés

Cuando nacemos estamos a merced de un mundo nuevo lleno de sensaciones y de eventos que no nos podemos explicar. Las cosas sencillamente nos pasan…nos atraviesan sin ninguna anticipación. Además, no contamos con un lenguaje para nombrar todo lo que pasa en nuestro cuerpo lo que nos hace imposible anticipar o darle una explicación al hambre, al frío, a los cólicos o al dolor de una parte del cuerpo que aún no reconocemos.


Sentimos a flor de piel. Nuestra primera relación con el mundo es a través de los sentidos.

Cuando nos atraviesa una sensación displacentera entramos en un estado de alerta y una fuerte señal de auxilio es emitida con toda nuestra fuerza. De pronto llega un “algo”. Reconocemos un sonido que nos ha acompañado desde siempre, de pronto sentimos que ese “algo” nos quita esa terrible sensación inexplicable y, por fortuna, volvemos a la calma. 

Al principio el o la bebé no sabe que en realidad se trata una persona que, a partir de los nueve meses, será reconocida como mamá, papá o una persona de confianza. Pero poco a poco va aprendiendo que el llanto genera una reacción en ese “algo” que ayuda a disminuir o eliminar las sensaciones displacenteras. Además, el o la bebé se dan cuenta que ciertas acciones como sonreír o reír generan que ese “algo” responda con reacciones muy simpáticas. Incluso, a los cinco meses es capaz de leer las expresiones de sus cuidadoras y cuidadores y emitir un llanto o un sonido en consecuencia a sus reacciones. 


Con el paso de los meses, el o la bebé va aprendiendo que hay acciones suyas o de otros que generan alguna respuesta.

Cuando los mensajes de los y las bebés obtienen respuesta, la conexión con la otra persona aumenta. De igual manera, se sienten con más control sobre el mundo que les rodea cuando su llanto de auxilio es socorrido o cuando sus sonrisas les procuran momentos de socialización.  Dichos ciclos de comunicación son fundamentales para regular nuestra vida emocional y fortalecer nuestro sentido de pertenencia.

¿Atender o malcriar?

Muchas mamás y muchos papás temen malcriar a sus hijas e hijos. ¿A quién le gustaría lidiar con un pequeñito berrinchudo que se tira al piso cuando no le compran algo en el súper? Seguramente habrás escuchado el consejo “Déjalo o déjala llorar” con la finalidad de aumentar la famosa tolerancia a la frustración. Pensemos en esto. 

Hemos revisado que la mente del bebé aún no puede explicarse lo que le está sucediendo cuando una sensación displacentera lo atraviesa. No tenemos los recursos para calmarnos o poner en palabras lo que nos está pasando por lo que esta función la deben ejercer las y los cuidadores. 

Si el bebé llora es importantísimo atender este llamado, de lo contrario, el nivel de alerta aumentará hasta llegar a niveles de angustia muy difíciles de tolerar y calmar. Si este patrón se repite constantemente es muy posible que la capacidad para desarrollar y regular estados emocionales se vea afectada. (R. A. Thompson, 1991).

La ciencia y la investigación sobre el desarrollo infantil nos señalan que no es verdad que malcriamos a nuestras hijas e hijos cuando atendemos al llanto, sobre todo, cuando los niveles de aflicción son muy elevados. De hecho, cuando se muestra una respuesta rápida y sensible hacia el llanto, existe un desarrollo social positivo sin importar si el o la bebé lloraba con frecuencia o rara vez. (Leerkes, Blankson y O’Brien, 2009)


Desde el inicio, mostramos una personalidad diferente. La mezcla de temperamento, conductas y emociones nos hace únicas, únicos e irrepetibles.

Lo ideal sería prevenir el malestar para volver innecesario tranquilizar al bebé teniendo claros sus horarios de siesta o de comida o recurrir a estrategias para evitar los cólicos, entre otras cosas; pero muchas veces ocurren contratiempos o parece imposible dar con el motivo del llanto y esto puede angustiar mucho a la mamá o al papá. En estos casos, es importante acompañar al bebé y sostenerlo brindando la seguridad de nuestra constancia y nuestros afecto. A través de esta acción le estamos diciendo a la pequeña o al pequeño: “Si bien es cierto que no puedo quitar ese malestar, no estás solo o sola. Aquí estoy contigo”. 

Apoyar a desarrollar la regulación emocional y las habilidades sociales es un gran regalo que la humanidad ha de transmitirse con el paso de sus generaciones. 

Espero que esta reflexión sea de provecho para ti y te haya inspirado.

Con cariño, María José.

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